De ‘El azar y viceversa’

cadiz

No sé si estará usted de acuerdo conmigo, pero creo que todos llevamos una triple vida, sustentada en tres pilares: lo que creemos ser, lo que quisiéramos ser y lo que en verdad somos. La mezcla de los tres elementos suele resultar bastante mala, aunque conviene mostrarse optimista y hacerse cuanto antes a la idea de equilibrar de la mejor
manera posible esa conjugación desconcertante.

Me atrapó su prosa, me gustó la historia y me fascinó esa capacidad para crear frases irrepetibles, que te golpean y te hacen sonreír. No sé cómo descubrí el universo creado por Felipe Benítez Reyes, pero desde el momento que abrí la primera página de ‘El azar y viceversa‘,  me di cuenta de que estaba ante un tipo de narrativa diferente, frente a un elegante escritor que se mueve a base de genialidades.

¿Lamento algo? Sí, por supuesto. Lamento por ejemplo no haber aprendido más cosas de nuestra historia colectiva, prodigiosa y sangrienta. Lamento no haber estado en más sitios con una cámara fotográfica al hombro, admirado de la diversidad de este espejismo inmenso. Lamento no haberme acostado por amor con mil y una mujeres a lo largo de mil y una noches antes de conocer a Inma. Lamento, sobre todo, no haber aprendido a apoderarme de la vida mediante el único ardid psicológico por el que uno puede hacerse la ilusión de apoderarse de ella: quemándola a cada instante, aunque el único que en realidad se quema es uno mismo.

 

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Qué veo. Qué leo.

La frase

El amor no tiene cura, pero es la única medicina para todos los males

Leonardo Cohen