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I miss you; we miss you

No sé por donde empezar, esta vez no. Decía Carlos Ruiz Zafón que “pocas cosas engañan más que los recuerdos, que son peores que las balas“, los de este año nos marcarán para siempre. Vivimos en medio de una pesadilla que nos ha puesto a prueba a todos. Nos hemos acostumbrado a vivir con miedo, pendientes de un bozal, que no aprisiona física y mentalmente. Tienes que vigilar el aliento del que tienes a tu lado, recelando de toses y estornudos, vivimos impregnando obsesivamente las manos con hidroalcoholes para sentirnos (o pensar que nos sentimos) seguros.

Hace tanto que no veo a tus amigos, y a los míos, que parece que estemos viviendo en medio de un thriller. Nuestro mundo se ha destruido y nos queda resistir, apuntarnos al día a día, como si fuera algo más que un precepto cholista. Y así van pasando las semanas y los meses. Lo importante es cuidarnos y observar a conciencia parámetros que hasta ahora no sabíamos si existían: RT y positividad, ocupación de camas en las UCIs. Bueno también sabemos mucho más sobre vacunas y sus efectos secundarios y hemos aprendido que lo importante es cuidarse para cuidar a los que te rodean.

Todo se ha descontrolado, aunque procuro conservar mis sueños, porque nunca sé cuando me van a hacer falta. El mundo ahora es una novela de Lovecraft, de aquellas que tanto te gustaban devorar, con la diferencia de que ahora no puedes cerrar el libro y olvidarte de todo, porque el terror te acecha en cualquier esquina.

Te echo de menos en todo y siempre, especialmente cuando pienso qué reflexión harías sobre todo lo que estamos viviendo; te extraño, amigo, al menos ahora no todos los días son 16 de marzo porque mi mente nunca lo hubiera soportado, pero muchas veces la cabeza viaja a aquel momento. Son recuerdos en blanco y negro; en cámara lenta; donde solo la manta térmica es de color dorado. Aquel momento está grabado a fuego, aquel instante en el que estás y no estás, donde tienes que ser capaz de adivinar el truco de magia para deshacerlo antes de que sea demasiado tarde. Y fue demasiado tarde. Una suma de circunstancias acabó contigo, porque somos demasiado frágiles, y allí también se quedó una parte de mí para siempre.

Aunque insistas, no te voy a contar por qué decidí poner punto y final y cómo acabó la aventura en Panenka, y ya sabes por qué sufro tanto y a diario en EFE, no hace falta que profundicemos en ello. Siempre hablamos mucho sobre el respeto y las personas, las que valen la pena y las que simplemente te encuentras en el camino, compartes una parte del trayecto y te olvidas de ellas, a veces sin tan siquiera despedirte.

Mejor acabar hablando de cosas que nos interesan. De lo que habrías disfrutado de Luca, y de Luca con Ana, y de Ana, y de la vida, y de los amigos y de aquellas veladas entre risas y confidencias…. Han pasado tres años y ahí andamos, ahora hay muchos más días con sol que nublados, han desaparecido los ansiolíticos y llevo al último extremo tu teoría del ‘carpe diem’, aunque ya sabes que el círculo no se cerrará hasta que pueda liberarme del todo.

Por cierto, felicita a los primos. Jan ‘is in da house’, Jan Riera. Una de las pocas alegrías del año.

Maria Arnal i Marcel Bagés – A la vida

CARPE DIEM, EUSE

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