CORAZON

Me sobran palabras, pero no tengo nada que decir

Mucho peor que escribir para no decir nada, es hacerlo y esconder lo que quieres expresar, seguramente por ese miedo inherente a desnudarte en público, pero no hay ejercicio mejor.

Escribir es una terapia obligatoria para aliviar la mente, una manera de dejarte ir, de compartir estados de ánimo y también de superar traumas. Hablemos sobre eso, y sobre mí: Después de un par de años desarrollando un proyecto personal, que no podía llevar a cabo tras una dramática experiencia vital, encontré refugio en la escritura para gestionar el duelo.

Pensaba que era la manera para aliviar mi pena, de espantar demonios y de seguir adelante. Escribía para mí, me ayudaba a superar el día a día, a levantar la cabeza cuando la tenía demasiada gacha y también para recordar aquellos buenos momentos que ya no iban a volver.

Y me fue bien, a mí y a los que me rodean. Emitía señales cuando lo que menos me apetecía era abrir la boca y poco a poco, muy poco a poco, las cosas se fueron poniendo en su sitio después de unas cuantas horas de terapia, unos kilogramos de paroxetina, miles de kilómetros en bicicleta, semanas de spotify y muchos garabatos para destruir el blanco de los folios.

Ahora ya no escribo solo para mí y mis textos no destilan esa tristeza en la que no me reconocía. Lo más importante es liberarte de esa pena que la paroxetina o el diazepam te enmascaran y creer en ti mismo, mirar hacia atrás con orgullo y contar tu historia. Solo así sacarás lo mejor de ti mismo.

«No tengo nada que decir, pero quiero decirlo igualmente». Federico Fellini. 8 1/2

La ilustración es de Yuval Robichek

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1 comentario en «Me sobran palabras, pero no tengo nada que decir»

  1. Después de tanto tiempo viendote sufrir, por fin, te vemos más libre. Eres muy fuerte, más de lo que te imaginas, todos estamos muy orgullosos de ti. Eres un amigo excepcional. Como decia nuestro amigo «a juntar letras» y a terminar lo iniciado. Una abraçada molt forta.🍻😘

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Qué veo. Qué leo.

La frase

… Pero estás revolviendo mierda, Conde, y la mierda salpica

Leonardo Padura