Nunca se fíen de las mañanas de sol

 

Nunca se fíen de esas mañanas tibias de primavera, no se confíen si sienten el calor del sol en sus mejillas mientras disfrutan de un placentero viernes.  Nunca piensen en la plenitud, no sueñen en estados ideales, simplemente dedíquense a la contemplación, disfruten cada uno de esos momentos que intuyen felices, porque en cualquier esquina una puñalada puede acabar contigo.

Relativicen la existencia y si les queda algún cabo suelto, átenlo, al menos se sentirán mejor y podrán cerrar los ojos, darle al play de su música favorita y dejarse ir. La herida sigue abierta.

 

La foto es de John Towner

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Qué veo. Qué leo.

La frase

La vida al final se convierte en un acto de renuncia, pero lo que causa un mayor dolor es no tener un momento para despedirse.

La vida de Pi