rubiales

Nunca se sabe el precio de un beso robado

El caso Rubiales es el paradigma de cómo funcionan las relaciones entre el poder y algunos los medios de comunicación en España, de cómo los periodistas que han dominado -y dominan- el cotarro mediático desde hace tanto tiempo han perdido la noción del tiempo, el espacio y la perspectiva.

El beso a Jennifer Hermoso es la que ha destapado la caja de los truenos, pero es algo que viene de largo. De cómo se utilizó a algunos medios cuando se filtró el contenido de un correo electrónico firmado por 15 futbolistas, un correo que tuve la oportunidad de ver antes de su publicación y que recomendé que no se publicara, porque una cosa es moverse en el plano de la buena intención y otra, muy diferente, saber contra quien te enfrentas.

Y todas ellas se enfrentaban a un elefante, se medían contra el poder establecido, frente a la Federación y su presidente, dispuesto a defender hasta la última instancia a Jorge Vilda, y ante unos medios que no iban a perder la ocasión de prestarle un nuevo favor, otro más, a quien manda, porque así todo es mucho más fácil.

Aquella comunicación, repleta de buenas intenciones, podía haber sido un buen punto de inicio para una negociación, pero se perdió una ocasión única para ello. ¿Por qué? Seguramente porque ellas desconocen los códigos del fútbol, porque ellas tienen otros, mucho más sanos, basados en el respeto y en el amor al deporte, no en intereses de otro tipo.

Ellas expusieron: «Debido a los últimos acontecimientos acaecidos en la selección española y la situación generada, hechos de los cuales son ustedes conocedores, están afectando de forma importante a mi estado emocional y por lo tanto a mi salud (..) Actualmente no me veo en condiciones de ser jugadora seleccionable para nuestro equipo nacional y por este motivo solicito no ser convocada hasta que esta situación no sea revertida».

Esa comunicación que cada una de las quince jugadoras -Laia Aleixandri (Manchester City), Ona Batlle (Manchester City), Aitana Bonmatí (FC Barcelona), Mariona Caldentey (FC Barcelona), Nerea Eizaguirre (Real Sociedad), Lola Gallardo (Atlético de Madrid), Lucía García (Manchester United), Patri Guijarro (FC Barcelona), Mapi León (FC Barcelona), Ainhoa Moraza (Atlético de Madrid), Sandra Paños (FC Barcelona), Andrea Pereira (América), Claudia Pina (FC Barcelona), Leila Ouahabi (Manchester City) y Amaiur Sarriegi (Real Sociedad)- firmó tendría que haberse sustituido por una conferencia de prensa, donde abordar todo en profundidad, donde no dejar ni un resquicio a la duda y explicar el inicio y la evolución del conflicto.

Tampoco ayudó la situación de Alexia Putellas, en pleno proceso de recuperación de su lesión de rodilla cuando se publicaron los correos (septiembre de 2022), ni el si pero no de Irene Paredes y de Jennifer Hermoso, una indefinición que no favoreció a la causa. Después el tiempo jugó a favor de la Federación, de Rubiales y de Vilda, porque un puñado de jugadoras no quería perderse la oportunidad de jugar un Mundial, sabedoras del ruido mediático que supone y la oportunidad que se les brinda.

Lo que para Rubiales es «un pico de dos amigos celebrando algo», al que no debe darse importancia ni hacer caso » a los tontos y a los idiotas», es algo de más calado. Un beso de alguien de un rango superior a una jugadora, una actitud que nunca se puede justificar, aunque el presidente lo haga: «No hagamos caso y disfrutemos de lo bueno. Si hay tontos, que sigan con sus tonterías. Vamos a hacer caso a los que no son tontos».

Y luego podemos hablar de las formas del personaje

Llegado a este momento, alguien tiene que actuar. Con un título Mundial bajo el brazo, conseguido de una manera espectacular y con dos de las dos mejores jugadoras del Mundo en casa, el futuro es de ellas y se merecen todo el respeto, que se las tenga en cuenta, que se escuche sus reivindicaciones y que si considera que las cosas no se hacen bien, rehacer el camino, pero desde la posición de privilegio en la que se encuentran.

Ha llegado el momento de escuchar, seguramente de apostar por una seleccionadora en el cargo, y de acabar con ese chabacanismo y ese «aguántame el cubata» que se vio en el palco, durante la celebración del título y en los despachos de la Federación durante tanto tiempo…

Por cierto, para tener un poco de contexto. Imprescindible este reportaje sobre cómo y porqué acabó la etapa Quereda y porqué pesos pesados que lideraron la anterior revolución -Vero Boquete, Ruth García, Sonia Bermúdez- fueron apartadas por Vilda y no se despidieron de la selección como tocaba.

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