photo-1544632491-bebcb9ece9af

Sa vida passa, però no massa…

Es una sensación extraña. Tengo que recargar la batería del móvil entre dos y tres veces diarias y los grupos de WhatsApp están superactivos. La media para contestar un mensaje es de unos  segundos, todo el mundo está atento al correo, al móvil, mientras me viene a la cabeza una canción de Antònia Font: “Sa vida passa, però no massa, si no devalles a sa verbena”….

Extrañamos el ruido en un mundo en el que se han instalado los silencios. Silencio en cuanto abres la ventana y el sol te calienta la piel, el silencio de la naturaleza que solo se perturba con el ladrido de algún perro o con el mecanismo de una persiana al subirla y también al bajarla.

Se trata de eso, de cerrar la persiana y de resistir. De mantener la cabeza ocupada con el trabajo a distancia, que tiene muchas ventajas, recuperando lecturas, ordenando armarios, desempolvando la bici estática, empezando y terminando series por streaming y conociendo aún más a los que tienes al lado.

Se trata de vivir en slow, a cámara lenta. De apurar conversaciones a distancia, de descubrir que más allá del WhatstApp, el Skype o el Facetime también existen los Hangouts y el descubrimiento es el Zoom, muy recomendable. Pero sobre todo, de tranquilidad, de dejarnos ir y de no dar demasiadas vueltas sobre un círculo vicioso.

Hace ya un tiempo que me di cuenta de que no puedes preocuparte por algo que no puedes controlar y lo extrapolé a ese miedo intrínseco que sentía cuando me subía en un avión. Esa reflexión ha permitido a Lucy, a Aina y a Maria, aunque ésta en menor grado, a relativizar ese miedo a volar.

Quien lo explica muy bien es la psicológa Sara Burillo en su libro “Ansiedad, que alguien me ayude” y lo hace mediante una historia, que es siempre la mejor manera de visualizar estas cuestiones:

Estamos en la sabana, nos persigue un león. El corazón se nos va a salir por la boca, las piernas tiemblan, la mente se queda en blanco, un sudor frío recorre nuestro cuerpo. Corremos, conseguimos huir, desaparecemos de su vista…

Tras la huida podemos hacer tres cosas:

Olvidarnos de todo, no pensar en ello, como las gacelas que pastan tras huir.

Pensar en qué podemos hacer la próxima vez para huir mejor o cómo podemos evitar entrar en los terrenos donde los leones suelen estar.

Agobiarnos y formar un pensamiento tipo bucle en el cual machacaremos el hecho de que nos ha perseguido un león, que no nos ha cogido esta vez, pero… ¿y si nos coge la siguiente? ¿y si morimos en sus fauces? ¿qué pasará con nuestra familia?

Así que ha llegado el momento de no bajar a la verbena, de no preocuparnos de lo que no podemos controlar, para que dentro de nada, volvamos a ser nosotros mismo y podamos rehacer nuestras vidas. Mientras tanto siempre puede sonar este himno:

La foto de portada es de Jeff Hendricks

Comparte este artículo

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on telegram
Share on pocket
Share on email
Share on print

1 comentario en “Sa vida passa, però no massa…”

Deja un comentario

Qué veo. Qué leo.

La frase

Probablemente de todos nuestros sentimientos el único que no es verdaderamente nuestro es la esperanza. La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose.

Julio Cortázar