Carta de amor

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En junio de 1945, Arline Feynman, amor de juventud y esposa del influyente físico Richard Feynman, murió a causa de una tuberculosis con 25 años. En octubre de 1946, Richard escribió una carta de amor a su esposa y la guardó en un sobre. En 1988, a la muerte del físico se conoció el contenido de la misma:

17 de octubre de 1946

Querida Arline:

Te adoro, cariño mío. Se cuánto te gusta oir esto pero no lo escribo únicamente porque te guste. Lo escribo porque me invade una sensación cálida por dentro cada vez que lo hago. Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que te escribí — ya casi dos años pero sé que me perdonarás porque entiendes cómo soy, cabezota y realista; y pensé que escribirte no tenía sentido. Pero ahora sé, mi querida esposa, que es correcto que haga esto que tanto he pospuesto y que tanto hice en el pasado.

Quiero decirte que te quiero. Siempre te querré. Se me hace difícil entender en mi mente lo que significa amarte aún muerta — pero sigo queriendo cuidarte y reconfortarte — y quiero que tú me ames y me cuides. Quiero tener problemas para discutirlos contigo — quiero que hagamos pequeños proyectos juntos. Hasta ahora jamás pensé que podíamos hacerlo. Que deberíamos hacerlo. Empezamos a aprender a confeccionar ropa juntos — o a aprender chino — o conseguir un proyector de cine. ¿No puedo hacer algo yo ahora?  No. Estoy solo sin ti y tú eras la “mujer de las ideas” y la instigadora general de todas nuestras aventuras salvajes.

Cuando estabas enferma te preocupaba no poder darme lo que querías y pensabas que yo necesitaba. No tenías necesidad de haberte preocupado. Te lo dije, que no había ninguna necesidad porque te amaba tanto y de tantas formas distintas. Y ahora eso aún lo veo más claro — ya no puedes darme nada y sin embargo te amo tanto que eso me impide amar a nadie más — y quiero que sigas ahí, impidiéndomelo. Tú, muerta, eres muchísimo mejor que ninguna otra viva. Sé que me dirías que me estoy comportando como un tonto y que quieres que sea completamente feliz y no quieres cruzarte en mi camino. Estoy seguro de que te sorprende que ni siquiera tenga una novia (además de ti, cariño) habiendo pasado ya dos años. Pero no puedes evitarlo, amor, ni tampoco yo puedo — no lo entiendo porque he conocido muchas chicas muy agradables y no quiero seguir solo — pero tras dos o tres citas todas parecen ceniza. Sólo me quedas tú. Tú eres real. Mi amada esposa, yo te adoro. Amo a mi mujer. Mi mujer está muerta.

Rich.

PD:  Por favor, disculpa que no eche esta carta al correo,  pero no conozco tu nueva dirección

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La frase

La vida al final se convierte en un acto de renuncia, pero lo que causa un mayor dolor es no tener un momento para despedirse.

La vida de Pi