Solo ante situaciones complejas, somos capaces de reaccionar. Cuando nos sentimos débiles abrimos nuestra mente y somos capaces de darnos cuenta de cómo hemos afrontado situaciones límite en el presente que hemos vivido y si en aquel momento la decisión adoptada ha sido la correcta. ¿Quién no imagina volver atrás en el tiempo y tomar una decisión diferente a la que nos ha llevado a un desencuentro?
El problema, cuando te sitúas mentalmente ante un cruce de caminos, es que no sabes en ese momento cuál es la dirección correcta y también que después muchas veces ya no puedes volver atrás. ¿Recordáis la conversación de Alicia y el gato de Cheshire?
“-Un día, Alicia llegó a un cruce de caminos y vio a un gato de Cheshire en un árbol.
-¿Qué camino tomo?’, preguntó.
– ¿A dónde quieres ir?’, fue su respuesta.
– ‘No lo sé’, contestó Alicia. ‘Entonces,’ dijo el gato, ‘no importa”
La vida va de esto, de tomar decisiones, de afrontar situaciones desde perspectivas diferentes y, sobre todo, de tener la responsabilidad una vez has tomado una decisión.
¿Por qué hablo sobre todo esto? Hace unos días me encontré con un vídeo de la serie: “Últimas palabras célebres (muy recomendable)” en la que el actor Eric Dane, enfermo de ELA, se enfrentaba a su última entrevista. Sus palabras son oro puro, van dirigidas a sus dos hijas y les da una serie de consejos vitales antes de morir, unas palabras que todos tendríamos que tenerlas enmarcadas:
Primero, vive ahora. Ahora mismo. En el presente. Es difícil, pero aprendí a hacerlo. Durante años, he estado divagando mentalmente y perdido en mi mente durante largos periodos de tiempo, revolcándome y preocupándome en la autocompasión, la vergüenza y la duda. He repasado decisiones, me he cuestionado a mí mismo. «No debería haber hecho esto. Nunca debería haber hecho aquello». Se acabó. Por pura supervivencia, me veo obligado a permanecer en el presente. Pero no quiero estar en ningún otro lugar. El pasado contiene arrepentimientos. El futuro sigue siendo desconocido. Así que tienes que vivir ahora. El presente es todo lo que tienes. Atesóralo. Aprecia cada momento.
Segundo, enamórate. No necesariamente de una persona, aunque también lo recomiendo. Pero enamórate de algo. Encuentra tu pasión, tu alegría. Encuentra eso que te hace querer levantarte por la mañana, que te impulsa durante todo el día. Me enamoré por primera vez cuando tenía más o menos tu edad. Me enamoré de la actuación. Ese amor finalmente me ayudó a superar mis horas más oscuras, mis días más oscuros, mi año más oscuro. Todavía amo mi trabajo, todavía lo espero con ansias, todavía quiero ponerme frente a una cámara e interpretar mi papel. Mi trabajo no me define, pero me emociona. Encuentra algo que te emocione. Encuentra tu camino, tu propósito, tu sueño. Luego, lánzate. De verdad, lánzate.
La foto es de Foto de Sara Rolin en Unsplash