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Fucking 2025

Llueve, sigue lloviendo. Empezó a llover en verano y no ha parado desde entonces. Apenas sale el sol y cuando esto ocurre las nubes lo enturbian todo en segundos, sin tregua. Porque a veces, la vida no te la da, te pone a prueba y cuando aún no has superado el primer momento de crisis, te vuelve a enredar, seguramente en un laberinto con más dificultad que el anterior para encontrar la salida, pero no la vas a encontrar y te desesperas.

Esa es la trama de este 2025 que por fin se acaba. Un año con una buenísima noticia, una malísima y otras situaciones límite, de esas que te llevan a cuestionarlo todo, a pensar en lo injusto que es todo cuando te toca de cerca y no aciertas a pensar los mecanismos de lo que nos rodea.

Justo después de la llegada de Inés, cuando descubrimos qué es la plenitud, nuestro mundo se nos vino abajo. Una prueba médica, un resultado interpretable, unos cuantos especialistas y todas las alarmas en marcha. Agosto fue una agonía, un paréntesis a la espera de lo que podía venir.

En una situación límite te planteas la existencia. La lotería de por qué a mi sí y a ti no, por qué a alguien que se desvive por todo el mundo, de una dulzura infinita, le tocaba una situación límite. Inés nos trasladó a la siguiente pantalla, lo ocurrido con Lucy fue una jugarreta del destino, de esos momentos en los que te pones a prueba.

Agosto nos deparó más sorpresas, un par de visitas a hospitales, un enorme susto en la playa y la ansiedad por saber qué estaba pasando. Después de pruebas y más pruebas, el diagnóstico inicial se demostró erróneo, todos pudimos respirar, ya no nos quedaban lágrimas, lágrimas que siempre fueron en silencio, lejos de sus ojos.

La vida nos dio tregua hasta finales de verano. En otoño, todo se volvió a complicar más, esta vez sin solución. El estado físico de mi padre empeoró, muy deprisa. El segundo ingreso en el hospital fue el definitivo. Se fue sin ruido, tranquilo, como había vivido y nos ha dejado el corazón helado, pero repleto de recuerdos, de imágenes y de momentos para siempre.

Está a punto de acabar el año. Las cosas ya nunca serán igual. Ya sabéis: “No tengo la seguridad de nada, salvo de que no podemos seguir aquí parados a la espera de que el mundo se nos caiga encima”.

Suena “La noche más larga del año” de Nacho Vegas, leo “Comerás flores” y me refugio bajo las sábanas cada noche antes de cerrar los ojos. La vida a veces es eso.

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Quien recibe lo que no merece, pocas veces lo agradece