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El octavo momento

Siempre recordaría aquel momento: el tiempo detenido en un mediodía de primavera. Era capaz de revivir el instante y la angustia. Tenía grabada su mirada perdida, mientras el latido de su corazón se apagaba y el pulso desaparecía lentamente.

Han pasado ocho años y no han sido un suspiro. Mucho tiempo para convivir con una culpa que no era tal, algo que descubriría mucho después, mientras se consumía en un duermevela infinito, abrumado por la pérdida, por el inesperado adiós de alguien al que estaba profundamente unido.

Cuando pierdes a alguien, el duelo puede ser eterno. Cuando pierdes a alguien y te sientes de alguna manera responsable, la culpa no te deja vivir y te preguntas cada minuto de tu existencia por qué, sin encontrar respuestas, al menos en ese momento.

Ahora tampoco las tengo, pero mi corazón está pleno; mi cabeza tranquila y compruebo cómo la vida fluye con la única pena de que mi amigo Euse ya no esté a mi lado y se ha perdido muchos grandes momentos que nos hubieran marcado a ambos para siempre.

La foto está hecha con IA

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La frase

Todo se va a ir al demonio, pero igual debemos de sonreír.