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The Americans, una de espías

Enamorarse de ‘The Americans’ es hacerlo de la Guerra Fría, de la estética ochentera, de las películas de espías y de sus disfraces y de aquellos espectaculares coches clásicos.

Visionar la serie, que en mi caso se ha prolongado durante mucho tiempo, es una lección de historia, una historia que se desarrolla en cinco años. Desde la toma de posesión de Ronald Reagan (1982) hasta la firma del Tratado INF (1987), cinco años en la vida de los Jennings, de Philip y Elizabeth, dueños de una agencia de viajes, que se instalan en una casa en los suburbios de Washington junto con sus dos hijos.

Pero en realidad Philip y Elizabeth son Mijail y Nadezhda, dos espías rusos que llevan veinte años integrados en el ‘American way of life’, sin que ni siquiera sus hijos lo sepan. La trama integra a su vecino, Stan Beeman, un agente del FBI, con la que recrea el juego de juntar los extremos, de aproximar el gato y el ratón.

Es una historia que se va cocinando a fuego lento durante seis temporadas, en las que los personajes evolucionan y al final, el conflicto de intereses, la desaparición de la Unión Soviética y la aparición de la ‘Perestroika’ con Gorbachov componen el cóctel para un final perfecto en la que tres canciones: Brothers in arms, With or without you y el Cascanueces resumen una serie memorable.

No voy a hacer ni un espoiler, tan solo aconsejar que es una serie a la que hay que darle tiempo, en la que se disfrutan los momentos y se degustan imágenes y canciones. Es imperdible, al mismo nivel que ‘Breaking Bad’ en mi lista de series favoritas.

Bonus

El soundtrack de The Americans

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