Manos Sucias

manossuciasHay autores que se manejan mejor en el campo de la ficción con tintes de realidad, pero no es el caso de Carlos Quílez, que es un maestro a la hora de ordenar los hilos de la realidad ficcionada, como lo consigue en su última novela: Manos Sucias.

Él siempre se mueve muy bien en el cuerpo a cuerpo, fomentando las relaciones personales y buscando la manera de buscar el cabo en medio de un ovillo kilométrico, incluso de enmascarar la realidad, que consigue con múltiples guiños y provocan una sonrisa cómplice.

Aunque diga que está satisfecho de ‘Manos sucias‘ porque es un libro escrito desde la barriga, no es ésta su mejor obra, aunque vale la pena leerla por ver cómo maneja las situaciones policiales y judiciales.

Manos sucias‘ es la crónica de lo que vivimos cada día, un reflejo de la corrupción que nos rodea y que tiene nombres y apellidos. ¿Quieren uno? Luis Cérdenas, el contable del partido del Gobierno.

Pero no es solo eso. Quienes lo conocemos se nos encoge el corazón leyendo, el epílogo. «El primero sin ti» se titula. Habla de su padre: «Bueno, papá. Ya nada es igual. El blanco se ha vuelto gris. Es como si entre la vida y mis ojos alguien o algo (‘la amargura de lo irremediable’, dirías tú) hubiera puesto un cristal ahumado…«

Solo por esa página y media, vale la pena su libro. Pero también por la maestría en generar el nudo de la historia y por cómo mueve los hilos su ‘alter ego’, la protagonista Patricia Bucana.

– ¿Me estás diciendo que han probado el pastel?

– Sí -contestó, a  lo que añadió un eructo-. Y parece que les gusta, chico. Cuanto más arriba, más cabrones son, oye.

– O sea que han pillado, ¿no? -preguntó Benítez.

– Pues sí, les he regalado las guindas de la tarta.

– ¡No será de nuestra comisión, espero!

– No, hombre no. Eso no se toca. Tú tranquilo -respondió Cérdenas.

– Pero … y es solo una curiosidad -continuó Benítez con cara de niño, de niño más malo que travieso-. ¿Cómo de arriba has llegado?

– A arriba del todo. A la cima.

– ¿Al ministro?

– No. Más.

– ¿Al presidente del Gobierno?

– No, más aún.

– Más arriba solo esta Dios, Luis.

– Casi.

– ¡Coño! ¡A la Zarzuela!

– Bingo. Es que en Zarzuela les gustan mucho las guindas.

– ¡Joder, Luis! ¡Que esto son palabras mayores! – Y César Benítez bebió y fumó sin ser de todo consciente de ello.

– Ya, pero que quieres que te diga. Tampoco ha sido tan difícil. J.C. y Nash Escudero, el suegro de Nikolaevich, son amigos desde hace años, una amistad que arranca desde que don Juan se refugió en Estoril, y el abuelo de Escudero, un general en la reserva, se encargó de su protección y le dio cobertura a Su Majestad en el exilio.

– Esto no es una explicación, es una película

Fragmento de Manos Sucias. Carlos Quílez.

La foto es de Christian Wolff.

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La frase

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No

Perdiendo a esa persona

Jöel Dicker