Profanando el alma

Introduces la llave en la cerradura y se te hiela el corazón cuando el vacío de la estancia retumba en la cabeza. Cajas por todos lados, utensilios apilados, muebles a medio desmontar, colchones por recoger y cajas, muchas cajas con su más preciado tesoro: esos libros que le han acompañado durante toda su vida.

Desnudar el cuerpo de alguien es un ejercicio habitual, pero desnudar su alma es una forma de profanación. Así me he sentido mientras trasteaba entre sus libros, cuando ordenaba esos elepés antiguos o recuperaba aquel sombrero de paja del que no se separaba durante todo el verano.

Hacía mucho que no había vuelto allí, una terrible migraña me dejó fuera de combate y no pude asistir a la cena de navidad que convocó en su casa, esa última cena que viví a oscuras, en silencio y dopado.

Hoy no me esperaba ninguna cena multitudinaria, sino silencios tras la luz mortecina y ese rumor lejano de la línea del tren. Como si fuera un guiño del destino, un libro emergía de una caja, una edición de ‘Incerta glòria‘ del año 70, una joya que desgraciadamente reposa ahora entre mis libros y cuya primera fase resume toda la tristeza del momento: «I tota la joventut no és més que la incerta glòria d’un matí d’abril«.

Foto Matt Artz

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2 comentarios en “Profanando el alma”

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Qué veo. Qué leo.

La frase

¿Sabe cuál es el único modo de medir cuánto se ama a alguien?

No

Perdiendo a esa persona

Jöel Dicker