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Esperando

Ni eran las dos del mediodía ni tampoco Nochevieja. Sonaba ‘Dos gardenias para ti’ en un auditorio de sonrisas, miradas perdidas y aplausos desacompasados. Allí estaban, sin saberlo; esperando que sonaran las doce campanadas cuando el sol aún lucía en el cielo. Para muchas de ellas, que son mayoría, la vida no existe más allá de las brumas, de recuerdos que ya se han perdido, de caras que a veces pueden resultar conocidas, de voces familiares, de sonrisas y de miradas que se encuentran y se pierden. Allí están apurando el tiempo, esperando no se sabe qué, seguramente que pase la noche o que llegue un nuevo día, o que los ojos cerrados caídos de tanto lorazepam vuelvan a abrirse para volver a esperar.

Ella aún tiene la capacidad de emocionarse cuando te ve, siente el calor de sus manos entre las tuyas y se aturrulla con las palabras, queriendo expresar lo que ya no es capaz de articular. La vida se le ha ido escapando, poco a poco, seguramente porque nos la ha regalado durante tantos años y con tal intensidad que ya se ha quedado sin energías. Sonríe si le sonríes; te besa si la besas y se confunde con el ruido. No soporta el ruido, las conversaciones cruzadas o el volumen alto de la televisión.

Cuando el dúo cubano se anima con ‘Cielito lindo’, decide salir a bailar en la improvisada pista. Lucy la acompaña y en ese momento, el tiempo se detiene. Allí están, dos de las mujeres más importantes de mi vida, compartiendo escena. La vida me las ha regalado; a una casi la he perdido, pero la otra es mi punto de conexión con la realidad, el equilibrio, esa parte racional que me protege y me da la energía para seguir adelante.

Lucy fue la hija que mi madre no tuvo y, como ella, de esas personas que te regalan desinteresadamente su vida, porque lo único que les interesa es el bienestar del resto, entre ellos el del señor Pegaso, que es quien peor lleva la situación. No entiende por qué la vida lo ha castigado.

Llora, llora las lágrimas que ha acumulado durante toda su vida y no entiende por qué el final tiene que ser así. Él también sigue esperando, pero es consciente de todo. Coge la mano de Pepa y le pregunta. Ella hace mucho que no tiene respuestas, pero sigue insistiendo, quiere alargar ese momento que se repetirá cada quince días.

Suenan las doce campanadas. Va a acabar otro año más y empezará uno nuevo, en el que tu suerte estará en función de momentos y de personas. Es mejor que no sigas esperando, porque la vida se te puede escapar a la vuelta de cualquier esquina, nunca sabrás de cuál ni tampoco cuando. Carpe diem.

La foto es de Debowscyfoto en pixabay

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1 comentario en «Esperando»

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